miércoles, 23 de enero de 2013

Observación Participante en la Comunidad Sorda

Un día recibí la invitación de conocer la comunidad Sorda y mi curiosidad no me permitió decir que no, así que se agendó fecha y hora. La cita era en domingo, en el metro Miguel Hidalgo a las 10 am. Llegué elegantemente puntual, y me encontré con la persona que me realizó la invitación, caminamos una cuadra y llegamos a la Iglesia de San Hipólito, en donde estaría a punto de presenciar algunos fenómenos de los que sólo había tenido la oportunidad de leer pero nunca de ver.

El conocer a la Comunidad Sorda significaba tomar misa con ellos y terminando la misa, tener la oportunidad de verlos interactuar, no me sorprendió que la sede física de la comunidad de sordos fuera una iglesia, había leído en varios textos sobre la intervención de la iglesia en la historia de la Cultura Sorda en el mundo occidental, no me sorprendería que actualmente la sede de la mayoría de las Comunidades Sordas en latinoamérica fueran iglesias o congregaciones religiosas. La principal causa de esto, se la atribuyen a que una de las misiones de la Iglesia era y es el llevar la "palabra de Dios" a todas la personas y también por su papel a través de la historia para con los grupos minoritarios, como lo son los grupos indígenas y obviamente los Sordos.

Justo antes de entrar a la misa, la persona que me invitó me indicó que si quería vivir la experiencia de primera mano iba a tener que pretender ser Sordo, ya que los lugares de hasta enfrente estaban reservados para las personas Sordas, así que lo hice, pretendí ser Sordo y traté de no delatarme durante toda la misa, en la que por suerte nadie interactuó conmigo. 

Otra de las experiencias de las que sólo había leído, era sobre las adaptaciones del lenguaje oral a la Lengua de Señas. Fui criado en un entorno católico y la ceremonia de misa me resulta familiar, pero presenciar una misa para Sordos fue toda una experiencia. Mientras el sacerdote daba la misa como de costumbre, dos interpretes estaban parados al frente sobre la escalinata hacia el altar, uno interpretando al sacerdote y el otro interpretando las respuestas de los creyentes, las lecturas y los cánticos. Los cánticos llamaron especialmente mi atención en donde la Lengua de Señas se signa siguiendo el ritmo de los cantos y en los espacios sin "letra" se mueven las manos con los dedos índices extendidos, manteniendo el ritmo y siguiendo al intérprete que al iniciar los cánticos indica con la seña "copiar". Así que durante la misa, mientras observaba y trataba de no delatarme con mi limitado vocabulario en Lengua de Señas, copiando a los demás y a los intérpretes. Al llegar el momento de rezar-cantar el "Padre Nuestro", la tradición católica oyente(por lo menos en México), indica que todos los presentes tienen que sujetarse las manos o al menos colocarlas juntas con la persona que está a la izquierda y derecha, en el caso de las personas Sordas el colocar las manos juntas impediría realizar la oración, así que en lugar de eso abren el compás de las piernas para que los pies se toquen y las manos queden libres para signar.

Al terminar la misa, pasamos a la parte lateral de la iglesia, una pequeña plaza rectangular en la que nadie sabía si podía saludarse con señas o hablando, lo cual no importó mucho ya que no soy muy sociable y no pretendía saludar a nadie. Me invitaron a presenciar una clase de catecismo para adultos mayores Sordos lo cual también me enseño muchas cosas, ya que sólo había podido ver interactuar a jóvenes Sordos. Y una de las cosas que más llamó mi atención y es algo que no dicen los libros, es qué tan ruidosos pueden ser los Sordos, lo son y mucho, no conozco las razones pero les gusta hacer ruido, balbucear mientras signan, mientras caminan, son ruidosos.

Finalmente la clase de catecismo terminó y regresé a casa con una nueva experiencia en mi haber, en donde la experiencia es igual de importante que el conocimiento adquirido de manera teórica, es decir, tal vez sin haberme expuesto a cierto tipo de información no sabría hacia donde mirar o qué buscar al tratar de hacer observación de campo.

Comenten, pregunten, troleen o compartan. 




miércoles, 16 de enero de 2013

Sobre Conductas Residuales y Auto-apaciguantes




Los auto-apaciguantes son conductas inconscientes que hemos adquirido a lo largo de los años y obtenemos o perdemos durante nuestra vida, algunas conductas son marcadas y perdurables, algunas otras se sustituyen y son sutiles.

Por ejemplo, un niño de cuatro años al ser regañado mirará al suelo y se frotará el brazo. El frotarse el brazo es un auto-apaciguante, sustituyendo la caricia de sus padres.


Otro ejemplo de conducta residual menos común es cuando un adulto no aprende a mentir y al decir “sí”, la cabeza dice “no”, como suele verse en niños muy pequeños.

Las conductas residuales son diferentes en cada persona, como rascarse la cabeza, golpetear con los dedos en la mesa, morderse las uñas, mordisquear plumas o lápices o chuparse el dedo. Todos poseemos estas conductas subconscientes que revelan una pisca o un mundo de información de quienes fuimos.

Por ejemplo, podemos detectar a una persona sorda en una sala llena de personas que guardan silencio, ya que las personas se delatarían por lo pequeños movimientos y golpeteos que hagan con manos o pies, o en el caso de haber música, los oyentes se moverían de manera involuntaria, siguiendo el ritmo con la cabeza, los pies, las manos o balanceándose levemente al ritmo de la música de una manera muy peculiar que sólo un oyente podría, gracias a las conductas residuales que han dejado toda una vida de escuchar.

Un ejemplo muy claro, podría ser el común movimiento de una pierna o dos, o solamente el pie a un ritmo determinado, que suelen “llamar tic en la pierna” (que no es realmente un tic.) En cualquier lugar, un salón de clases, una sala de espera, en el cine, habrá personas moviendo sus pies o piernas repetidamente un ritmo (a veces no tan rítmico). Algunos textos sugieren que esta conducta residual auto-apaciguante la obtenemos en los primeros años de vida por el uso de cunas mecedoras y por los movimientos de los arrullos de nuestros padres.

Estas conductas residuales son pequeñas fugas de información que pueden ser significativas o no, todos tenemos estas conductas o acciones inconscientes, unos en mayor medida que otros y algunas dejan ver más sobre su origen, otras lucen perfectamente arbitrarias y otras son casi invisibles al ojo.

La próxima vez que te encuentres en alguna sala de espera, parque, salón de clases o cafetería, mira atentamente a los que te rodean y verás que existe mucho más que lo evidente.

martes, 8 de enero de 2013

Vita Punctum Est.

Vita punctum est es una frase en latín, que significa "La vida es un parpadeo", el cual es un tema frecuente en la literatura.

Habiendo compartido lo anterior les platico:

Durante estas últimas vacaciones he tenido tiempo de leer algunos libros y ojear algunos otros que ya había leído, de los cuales me surgieron algunas ideas acerca de los tópicos de la literatura y algunas otras cuestiones.

Entre los libros que tengo a la mano, me atreví a confrontar "La Insoportable Levedad del Ser" de Milan Kundera y "Fight Club" de Chuck Palahniuk.

Estos dos libros a primera vista no tienen nada en común, el primero habla sobre el dilema de la levedad o el peso a través de un novela que podría llamarse romántica y el segundo una novela de culto sobre un individuo con personalidad disociativa.

Pero lo importante aquí no es lo evidente, sino el ruido de fondo a través del cual se desenvuelven las novelas, y es el dilema filosófico primario por excelencia: ¿Vale o no la pena vivir?

Hay que recordar que la pregunta filosófica por excelencia es: ¿Quién soy yo? (Que es diferente al dilema filosófico)

Estoy seguro que en algún momento de la vida todos nos hemos preguntado o nos preguntaremos si vale o no la pena vivir.

Aquí algunas reflexiones sobre lo que llamaría el pensamiento mayoritario sobre este tema.

Vivir por vivir y querer vivir sólo porque sí es estúpido, ya que no se puede desear algo que ya se tienen de antemano.

Segundo, muchas personas utilizan este argumento absurdo para tratar de demostrar que la respuesta es fácil y que sí vale la pena vivir: "Vale la pena porque, pues hay muchísima más literatura a favor de la vida que en contra."  

Lamentablemente encontraremos a muchas personas que usarán este argumento.

Y la razón por la cuál existe mucha más literatura a favor de la vida que de no vivir, es porque cualquier persona que llegue a la conclusión de que no vale la pena vivir, no escribirá un libro, terminará con su vida al momento.


"Una pequeña niña se me acercó y me preguntó:
—¿Morir duele mucho?
A lo que respondí.
— Sí, morir duele mucho, pero seguir viviendo duele más."*
(*parafraseo de un libro y autor que no recuerdo)


Siéntanse libres de comentar y opinar.