miércoles, 16 de enero de 2013

Sobre Conductas Residuales y Auto-apaciguantes




Los auto-apaciguantes son conductas inconscientes que hemos adquirido a lo largo de los años y obtenemos o perdemos durante nuestra vida, algunas conductas son marcadas y perdurables, algunas otras se sustituyen y son sutiles.

Por ejemplo, un niño de cuatro años al ser regañado mirará al suelo y se frotará el brazo. El frotarse el brazo es un auto-apaciguante, sustituyendo la caricia de sus padres.


Otro ejemplo de conducta residual menos común es cuando un adulto no aprende a mentir y al decir “sí”, la cabeza dice “no”, como suele verse en niños muy pequeños.

Las conductas residuales son diferentes en cada persona, como rascarse la cabeza, golpetear con los dedos en la mesa, morderse las uñas, mordisquear plumas o lápices o chuparse el dedo. Todos poseemos estas conductas subconscientes que revelan una pisca o un mundo de información de quienes fuimos.

Por ejemplo, podemos detectar a una persona sorda en una sala llena de personas que guardan silencio, ya que las personas se delatarían por lo pequeños movimientos y golpeteos que hagan con manos o pies, o en el caso de haber música, los oyentes se moverían de manera involuntaria, siguiendo el ritmo con la cabeza, los pies, las manos o balanceándose levemente al ritmo de la música de una manera muy peculiar que sólo un oyente podría, gracias a las conductas residuales que han dejado toda una vida de escuchar.

Un ejemplo muy claro, podría ser el común movimiento de una pierna o dos, o solamente el pie a un ritmo determinado, que suelen “llamar tic en la pierna” (que no es realmente un tic.) En cualquier lugar, un salón de clases, una sala de espera, en el cine, habrá personas moviendo sus pies o piernas repetidamente un ritmo (a veces no tan rítmico). Algunos textos sugieren que esta conducta residual auto-apaciguante la obtenemos en los primeros años de vida por el uso de cunas mecedoras y por los movimientos de los arrullos de nuestros padres.

Estas conductas residuales son pequeñas fugas de información que pueden ser significativas o no, todos tenemos estas conductas o acciones inconscientes, unos en mayor medida que otros y algunas dejan ver más sobre su origen, otras lucen perfectamente arbitrarias y otras son casi invisibles al ojo.

La próxima vez que te encuentres en alguna sala de espera, parque, salón de clases o cafetería, mira atentamente a los que te rodean y verás que existe mucho más que lo evidente.

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